Sobre la enseñanza de las matemáticas

Hace mucho tiempo me gradué del bachillerato y presenté mis exámenes de admisión a la universidad. Para ese momento, la mayoría de mis amigos y yo habíamos elegido los grados que estudiaríamos. La mayoría de nosotros había decidido estudiar alguna ciencia o ingeniería y la realidad es que no teníamos gran idea de cómo era que las matemáticas que habíamos aprendido hasta el momento dejarían de ser aburridas y se convertirían en útiles.

Tanto el grado como el postgrado cambiaron nuestra perspectiva sobre las matemáticas. En lugar de hacer cálculos y resolver problemas sin sentido, memorizar fórmulas y las diferentes leyes de la naturaleza, durante la universidad construimos a las matemáticas casi desde cero así como a las ciencias correspondientes a nuestros grados. Esto nos permitió comprender mejor lo que estábamos haciendo, pero también nos mostró los límites de las diferentes teorías con las que trabajamos.

Durante las últimas semanas he sido tutor de algunos familiares más jóvenes, quienes están a punto de presentar sus exámenes de admisión universitarios. Al inicio creí que la tarea sería fácil y sencilla, pero al repasar algunos de los ejercicios y problemas lo único que podía pensar es “esto es extremadamente aburrido, sólo estamos haciendo el mismo ejercicio con valores numéricos distintos”. Nada nuevo bajo el sol, como dirían algunos.

Mi manera de ver la situación es que no tiene mucho sentido modificar o eliminar los exámenes de admisión pues sólo son el mecanismo mediante el cual las universidades se desechan de los estudiantes menos aptos y son una experiencia que no suele repetirse.

Si todo sale bien, presentarán sus exámenes, los aprobarán y continuarán con sus vidas como si nada. Sólo verán esta etapa como un momento difícil y eventualmente se alegrarán de que ocurrió hace mucho tiempo.

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