My amor por National Geographic

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Hace muchos años, poco antes de salir de la primaria, viajé a Nicaragua con mi abuela. El objetivo principal del viaje fue que ambos conociéramos a la familia del marido de mi tía. Describir el viaje paso por paso requeriría su propio post, lo cual tal vez haré en el futuro, pero por ahora sólo quiero enfocarme en cómo me topé con un ejemplar de National Geographic y me convertí en un suscriptor y lector de la revista durante varios años.

Aunque el viaje debía durar solamente una semana, la pasamos tan bien allá que retrasamos nuestro regreso un par de veces, cada vez extendiendo la visita por una semana más. Desafortunadamente, el año escolar es diferente en Nicaragua, así que durante la última semana del viaje me quedé completamente solo y bastante aburrido. Alguno de los días de esa semana fui a un centro comercial cercano y hojeé las revistas que tenían. La mayoría de ellas no llamó mi interés pero el ejemplar de National Geographic que reclamó mi atención debió tener algo que ver con el espacio; tal vez tenía algo acerca del Hubble o sobre Marte, porque eran los temas de la época.

Sea cual fuere el tema, la combinación de fotografías, mapas y el texto mismo, describiendo las diferentes expediciones, me mostraron un aspecto completamente distinto a lo que estaba acostumbrado a encontrar en una revista. Era como si yo mismo hubiese sido parte y hubiese vivido ese viaje. Mi abuela debió darse cuenta del interés que se despertó en mi interior porque al regresar a casa me compró otro par de ejemplares y me pagó una suscripción.

Creo que durante diez años seguí renovando esa suscripción. Después de eso me mudé un par de veces y no tuvo mucho sentido seguir con ella. Aunque ya había versiones electrónicas de la revista, a mi abuela le gustaba tener las fotografías al alcance de la mano. Así que, eventualmente, dejamos que la suscripción expirara. La abuela aún vive y pronto llegará a los cien años, nos gusta bromear que ella terminará enterrando a todos los nietos.

Durante el tiempo que fui suscriptor, la revista cambió en algunos aspectos y en otros siguió siendo la misma. Una de las secciones que me gustaba leer era Forum, en donde se presentaban cartas e emails de otros lectores y algunas de ellas eran respondidas por los editores, corresponsales o autores. Si ahora hojeara alguna revista, esa clase de sección me parecería la menos interesante, pero en ese entonces, cuando Whatsapp, Twitter y Facebook no existían, esa era una forma de conocer la opinión de gente alrededor del mundo. Otra sección que siempre llamaba mi atención era Flashback, en donde fotografías (bastante viejas) de los acervos de la sociedad eran publicadas.

Ahora que estoy pronto a mudarme nuevamente no creo volver a suscribirme a la revista, pero en unos cinco o seis años, probablemente lo haga.

Nos leemos la próxima semana.

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